Presentación SHAPE – Guillaume Lefevre

En esta entrevista, Guillaume Lefevre, director general de Siel Bleu España, explica cómo nació el proyecto, qué problema aborda y qué principios sustentan un modelo que aspira a transformar la recuperación tras una hospitalización.

«Queremos que SHAPE sea la farmacia del ejercicio»

Desde hace más de 20 años, Fundación Siel Bleu trabaja para mejorar la salud y preservar la autonomía de las personas con riesgo funcional mediante programas de actividad física adaptada. Durante este tiempo ha comprobado que, en muchos casos, la intervención comienza cuando la fragilidad ya ha aparecido. De esta observación surgió la pregunta que dio origen a SHAPE: ¿qué pasaría si pudiéramos actuar antes de que se produjera ese deterioro?

 

¿De dónde surge la idea de trabajar la prevención de la fragilidad desde el hospital?

La fragilidad adquirida durante una hospitalización es una realidad que muchas personas hemos vivido de cerca. Todos conocemos a un familiar, un vecino o a un amigo que, después de un ingreso, ha perdido fuerza, capacidad física y autonomía.

En mi caso, tomé conciencia de ello con mi abuela. Después de varias estancias hospitalarias, cada vez que volvía a casa después de un ingreso, la encontraba un poco más frágil. Caminaba menos, había perdido fuerza y también confianza en sí misma. Después de su último ingreso falleció a los pocos días. Aquella experiencia me hizo preguntarme hasta qué punto el propio proceso de hospitalización había contribuido a ese deterioro.

 

¿Cómo viste que esta situación no era un caso aislado, sino que afectaba a más personas?

A partir de esa experiencia personal buscamos evidencia científica para entender qué estaba ocurriendo. Descubrimos que, durante una hospitalización, una persona puede perder entre un 2 % y un 5 % de su masa muscular, dependiendo de su edad y estado funcional. Eso nos hizo comprender que mi abuela no sólo estaba empeorando por su enfermedad, sino también por el propio proceso de hospitalización.

También encontramos evidencias de que, si esa fragilidad adquirida no se revierte durante los tres meses posteriores al alta, las posibilidades de recuperación disminuyen considerablemente y puede aparecer una situación de dependencia permanente.

Fue entonces cuando entendimos que no basta con diagnosticar la fragilidad de forma precoz. También hay que prevenirla y tratarla cuanto antes. Si una parte del problema se genera durante la hospitalización, los hospitales también debían formar parte de la solución.

 

¿Cómo llevó esta reflexión al nacimiento de SHAPE?

Hasta entonces, en Siel Bleu desarrollábamos nuestros programas principalmente en residencias, donde muchas personas llegaban después de una hospitalización con una pérdida importante de autonomía. Esta experiencia nos hizo pensar que la actividad física adaptada podía tener un mayor impacto si interviniésemos antes.

Así nació SHAPE. El proyecto traslada esa intervención con actividad física adaptada al entorno hospitalario para acompañar a las personas desde el ingreso hasta la vuelta al domicilio y dar continuidad a su recuperación. 

 

SHAPE reúne a hospitales, administraciones y entidades especializadas. ¿Cómo se organiza este consorcio y cuál es el papel de cada socio?

Para convertir esta idea en un proyecto necesitábamos hospitales que compartieran nuestra visión. Contactamos con muchos centros hasta encontrar socios alineados con el problema que queríamos resolver.

Los hospitales desempeñan un papel clave en el proyecto porque son los que llevarán a cabo los ensayos clínicos y la investigación científica. Además, cada uno de ellos es experto en una de las áreas clínicas que tratamos en SHAPE. Contamos con el CHU Montpellier y el CHU Limoges en Francia, Biobizkaia e IDIBELL en España y el Instituto S. João de Deus en Portugal. 

Además de los hospitales, el consorcio incorpora al Servicio de Salud de Castilla y León y a la Fundación Jiménez Díaz, que trabajan para validar la transferibilidad del modelo y facilitar su futura implantación en otros sistemas sanitarios. 

Siel Bleu lidera la coordinación y la implementación del proyecto mediante sus sedes en Francia, España y Portugal, desde donde aporta su experiencia en actividad física adaptada.

 

¿Qué necesidades detectasteis antes de diseñar SHAPE y cómo dieron forma a la solución?

Empezamos por analizar qué impedía que la actividad física pudiera recomendarse de forma habitual desde el sistema sanitario. Identificamos dos barreras principales.

La primera afecta a los pacientes. Cuando un médico nos prescribe un medicamento, todos sabemos dónde acudir. Pero con el ejercicio físico no ocurre lo mismo, no existe una “farmacia del ejercicio”. Cuando un médico recomienda hacer actividad física, muchas personas no saben dónde acudir, qué tipo de ejercicio necesitan ni con qué profesional deben contactar.

La segunda afecta a los profesionales sanitarios. Los médicos tampoco disponen de información clara sobre la oferta existente. Falta visibilidad, reconocimiento y certificación de los programas de actividad física adaptada. Esto dificulta saber si cumplen los requisitos de seguridad, calidad e impacto que exige un entorno sanitario.

La solución que propone SHAPE es una plataforma que funciona como “ventanilla única” para todos los actores implicados. Facilita que la actividad física adaptada pueda recomendarse de forma estructurada y con las mismas garantías que cualquier otra intervención sanitaria.

 

SHAPE está cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) a través del programa Interreg Sudoe. ¿Qué se valoró de la propuesta para que obtuviera la financiación?

Fue un proceso muy exigente. Interreg Sudoe evalúa los proyectos en dos fases y analiza tanto la calidad técnica como el impacto esperado, la capacidad del consorcio y la viabilidad de la propuesta.

En nuestro caso, uno de los aspectos mejor valorados fue el plan de trabajo. Desde el principio quisimos diseñar un proyecto muy práctico, con objetivos claros, responsabilidades bien definidas y una hoja de ruta compartida para que cada socio supiera qué debía hacer en cada fase y cómo contribuir a los resultados comunes.

Otro elemento diferencial fue el carácter innovador de la propuesta. SHAPE no se limita a desarrollar un programa de ejercicio físico adaptado, sino que crea un modelo que conecta el hospital con el domicilio del paciente mediante una plataforma digital. Hemos creado un lugar donde un profesional sanitario puede derivar a un paciente con la misma facilidad con la que prescribe un medicamento.

 

Más allá del ámbito sanitario, ¿qué cambios quiere impulsar SHAPE en la sociedad?

Cuando una persona sale del hospital, todos queremos que se recupere de la mejor forma posible. Pero esa recuperación no depende solo de la atención sanitaria. También depende de cómo entendemos el papel del ejercicio físico.

Durante muchos años hemos interiorizado que, después de una enfermedad o una hospitalización, lo mejor es quedarse en la cama y descansar. Hoy sabemos que, cuando la situación clínica lo permite, moverse también forma parte del tratamiento. Recuperar la actividad física de forma segura ayuda a preservar la autonomía, mejora la calidad de vida y reduce el riesgo de nuevas complicaciones.

Ese es el cambio de mentalidad que SHAPE quiere impulsar: sustituir la idea de que el reposo es siempre la mejor opción por otra basada en la evidencia y que entiende el movimiento como una herramienta para recuperar la salud.